
¿Para cuándo?
- Y no tiene ninguna importancia -dijo Wolf-, si se ha vivido. Pero de lo que me quejo es de que se empiece por envejecer. Mire, señor Brul, mi punto de vista es simple: mientras exista un lugar en el que haya aire, sol y hierba, tenemos la obligación de lamentar no estar allí, sobre todo si somos jóvenes. Boris Vian. La hierba roja.

Foto de Marc Ripol
Hace tiempo que quería colgar esto. Está un poco desfasado pero sigue provocando carcajadas. Apareció en un documentadísimo trabajo de investigación sobre el humor y la risa del Dr. Rocaviva.
Irritados tras haber sido descartados como miembros del "Eje del Mal", Libia, China y Siria anunciaron hoy la formación del "Eje Igual de Malvado" que, según han dicho, será "mucho más malvado" que el eje Irán-Irak-Corea del Norte acerca del cual advirtió el presidente Bush en el discurso del Estado de la Unión. Los miembros del "Eje del Mal", sin embargo, han descalificado inmediatamente al nuevo eje porque, para empezar, tiene un nombre realmente tonto.
- Sí, son igual de malvados... ¡en sus sueños!, -ha declarado el líder norcoreano Kim Jong-Il- Todo el mundo sabe que nosotros somos los mejores malvados... quiero decir los mejores en ser malos... Somos los mejores.
Diplomáticos sirios han negado que estuvieran celosos por haber sido excluidos, aunque han admitido que solicitaron su entrada en el "Eje del Mal".
- Nos dijeron que estaba completo -ha manifestado Bashar Al-Assad, presidente de Siria.
- Un eje no puede tener más de tres países -explicó el presidente iraquí, Saddam Hussein- Esto no es una regla mía, es la tradición. En la Segunda Guerra Mundial tuvieron a Alemania, Italia y Japón en el "Eje del Mal". Así que sólo puede haber tres.
Por otra parte, naciones que se han considerado aludidas se han apresurado a ganar su consideración de triunvirato en lo que se ha convertido en un 'juego de las sillas' geopolítico. Cuba, Sudán y Serbia anunciaron la formación del "Eje Un Tanto Malvado", forzando a Somalia a unirse con Uganda y Myanmar en el "Eje Ocasionalmente Malvado", mientras que Bulgaria, Indonesia y Rusia han establecido el "Eje No Tan Malvado, Como Mucho Generalmente Desagradable".
Con los criterios ampliándose bruscamente y todos los clubes atractivos llenándose, Sierra Leona, El Salvador y Ruanda han solicitado ser llamados "Eje De Países Que No Son Necesariamente Los Peores Pero Que No Serán Propuestos Como Anfitriones De Las Olimpiadas En Breve"; mientras que Escocia, Nueva Zelanda y España han establecido el "Eje De Países Que A Veces Piden Que Las Ovejas Se Pinten Los Labios.
- No es una amenaza, de veras, simplemente es algo que nos apetecía hacer -dijo el primer ministro escocés Jack McConnell.
Surinam, Guyana y Guayana Francesa han fromado el "Eje de Países Que Odian Que La Gente Siempre Suponga Que Están En África Porque No Lo Están"; mientras que Canadá, México y Australia han formado el "Eje De Naciones De Hecho Bastante Buenas Pero Que Secretamente Tienen Malos Pensamientos Sobre USA”.
- Tenemos una lista de espera tan larga como mi brazo -dijo el primer ministro canadiense Jean Chretien.
Mientras se pregunta si las otras naciones del mundo no estarán quizás riéndose de él, un cauteloso Bush ha garantizado la aprobación de la mayoría de los Ejes, si bien ha rechazado el establecimiento del "Eje De Países Cuyos Nombres Acaban En Guay", acusando a uno de sus miembros de rellenar la solicitud con datos falsos. Fuentes oficiales de Paraguay, Uruguay y Megaguay han negado estas acusaciones.
Entretanto, fuentes oficiales de Israel han insistido en que ellos no quieren unirse a ningún Eje, pero varios líderes mundiales han afirmado en privado que esta postura se debe únicamente a que nadie se lo ha pedido.

El otro día, hablando sobre los árboles navideños ecológicos que el ayuntamiento de Barcelona ha colocado estas fiestas por la ciudad y que le han costado un ojo de su cara y uno de la nuestra y que además son feos pero feos feos, Marc acuño un nuevo término “molt ben trobat”: consumo verde. Por consumo verde se entiende todo aquel consumo que bajo el pretexto de ahorrar e intentando huir de la políticamente incorrecta etiqueta de “consumista” gasta tremendas cantidades de dinero en productos que supuestamente a largo plazo harán ahorrar energía o contaminarán menos. Y hace referencia no sólo al impresionante gasto económico que conllevan sino además a la cantidad de energía que se ha utilizado para producirlos.
Pero el consumo verde también se da a pequeña escala y ahí es donde más capacidad de penetración tiene en la sociedad. Cada vez hay más personas que se escudan en lo verde, bio o eco para lanzarse como kamikazes sobre perfumes, turrones, blocs de notas o pintalabios.
La verdad es que yo, si puedo elegir también prefiero comprar productos que sean, como dicen los anglófonos: amistosos con la naturaleza, pero hay que empezar a discernir el “salvemos la naturaleza” del “hagamos negocio vendiendo la naturaleza mientras nos la cargamos por la espalda, a traición y con alevosía”.
Todo esto viene a cuento porque está mañana cuando iba a trabajar me he parado con la moto en un semáforo y me he quedado contemplando el escaparate. Era una juguetería de la parte alta de la ciudad y bastante pija. El escaparate estaba lleno de muñecos que representaban animales imposibles en colores grisáceos y con ropas desgastadas. Eran un simulacro de peluche de pobre. El tipo de peluche que quedaría bien en la mano de una niña huyendo de una guerra. Un peluche envejecido y desvaído. Vamos, lo contrario de una Barbie. Y he pensado en la cantidad de malas conciencias, incluida la mía, lavadas en parte de su culpabilidad consumista al elegir ese tipo de muñeco. Ese intento de creerse que ese muñeco será el muñeco de toda su vida, porque con ese aspecto ya es como si lo hubiera heredado de la abuela que emigró, sufrió y murió en el oeste americano.
Pero en cualquier caso, pese a que todos sabemos que se trata de consumir menos y mejor, la cuestión que me ha llevado a escribir este post ha sido el pensar que realmente estamos genéticamente marcados para el consumo. Es parte de nuestra naturaleza más profunda y no lo podemos evitar por muy hipócritamente que intentemos ocultarlo. Debe tener relación con nuestra época de cazadores-recolectores y nuestra atávica necesidad de hacernos con la propiedad de lo que nos rodea. Me pregunto sino podríamos derivarla hacia otro tipo de recolección que no pasara necesariamente por el gasto del planeta.
Y sigo pensando...
Lo sabemos

Aunque probablemente siempre haya sido así, la inmediatez y rapidez de los medios de comunicación actuales hacen cada vez más patente que el dolor ante la muerte ajena se experimenta con más o menos intensidad dependiendo de la distancia que nos separa tanto en el espacio como en la cultura de la victima. La novedad, la rareza de las circunstancias, la edad y la cantidad son baremos tanto o más importantes. La muerte o es cercana o es multitudinaria o es espelúznate, sino no vale. El dolor producido por la muerte se mide en cifras y podría incluso ser resumido en una ecuación que no diferiría demasiado de la siguiente:
Dolor = nº de muertos/ distancia del suceso x edad de las víctimas x (o elevado a) el resto de los factores.
En la que la distancia podría ser medida de la siguiente manera:
0 si eres tú el que se muere
1 si es un familiar directo con el que convives y al que quieres (las parejas cabronas no cuentan y los hijos maltratadores tampoco)
2 si es un amigo frecuente o un familiar cercano
3 si es un amigo de esos que ves cada dos años
4 si es un familiar o conocido al que no tienes mucho apego (aquí entran la mayoría de compañeros de curro, el conductor del autobús, el quiosquero y la panadera siempre y cuando no sean ni tu padre ni tu amante. En ese caso saltan a las primeras categorías)
5 si es un vecino (y no está incluido en ninguna categoría anterior – ver nota en el punto 4)
6 si es del barrio
7 si es de tu ciudad
8 si es de tu país
9 si es de tu cultura y habla tu mismo idioma
10 si se dedica a lo mismo que tú (corporativismo puro y duro)
11 si vive a más de 3.000 km de distancia
12 si vive en centro o Sudamérica
13 si vive en Asia
14 si vive en África (a estos según en que zona concreta mueren no hace falta ni contabilizarlos)
Etc…..
Y la edad de forma proporcionalmente inversa a los años acumulados. Es decir, a menos edad coeficiente más alto.
De 0 a 10 años = 10
De 10 a 20 años = 8
De 20 a 40 = 7
De 40 a 60 = 6
De 60 a 70 = 5
De 70 a 80 = 4
De 80 a 90 = 2
De 90 a 100 = 1
Ejemplos:
1 bebé muerto/ en tu casa = 1/ 1 x 10= 10 unidades de dolor o melladas (término que acabo de acuñar y me gusta)
1 muerto de 45 años/ en Ecuador = 1/12 x 6 mellada
Y así……..
Todo este largo y extenso preámbulo no es más que un intento por superar la criptitud de la que muy acertadamente se me ha acusado en los últimos tiempos. Y de paso acuño otra palabreja: criptitud. La definiría pero se me hace difícil encontrar los términos y además no puedo superarla tan de golpe. Lo del terror a los tiburones fue más fácil. (Ja, ja ,ja, volví a caer….)
Pero este post no es de risa. Ni mucho menos.
Hace unos días se publicó en varios medios de prensa la foto del primer inmigrante que apareció muerto en una playa española. Amaneció en la playa de Tarifa y no tenía pinta de ir a hacer surf. Fue en 1988. Desde aquel día han aparecido 18.000 más. Y claro, 18.000 muertos en nuestras playas son muchos se mire como se mire. Es una noticia en toda regla, pues aunque a lo largo de veinte años nos hemos ido acostumbrando a que día sí día también vayan apareciendo uno o dos muertos a manos de mar y patera, 18.000 es una cifra importante y, aunque vienen de la lejana y por completo carente de importancia África, mueren aquí mismo y la edad media de los tripulantes suele ser bastante baja ya que a veces hay bebes y mujeres embarazadas entre las víctimas. Vaya, que es una buena mellada.
Pero claro, cuando todo el dolor se reduce a un juego de cifras uno no puede evitar aspirar a los números redondos. 18.000 son muchos, pero 20.000… ¡20.000 son la hostia!
Y el otro día mientras se mezclaban en mi retina la foto del pobre desdichado que se había dejado la vida en el estrecho y la cifra 18.000 en los titulares no pude evitar imaginarme que un día llegaría otro que tampoco lo conseguiría y que sería el inmigrante muerto en el intento de llegar a la costa española número 20.000. Un hito bien triste en el mundo del dolor cifrado. Porque en ese mundo repugnante el muerto 20.000 causa más mellada que el 19.999 o el 20.002.
Y me imaginaba un mundo completamente desbocado en su necesidad de emociones fuertes en el que la figura del héroe muerto es mucho más apreciada que la del desdichado salvado. Y me imaginaba que se organizaba un concurso para recibir al inmigrante muerto por mar y patera número 20.000. Y en mi retina se mezclaban vertiginosamente la foto de 1988 y la cifra que empieza por 18 y los colores difusos pero chillones de un comité de bienvenida con orquestina y charanga vitoreando bajo alegres guirnaldas al número 20.000. Y me preguntaba quién le recibiría y cuál sería su premio y cómo se recibe a un muerto y cómo se le entrega el premio y si habría peleas para llegar y si moriría alguno, aterido de frío, por esperar y no ser el mero y don nadie 19.999. Y la posibilidad de que hubiera patrocinadores entre el sector de la náutica, entre marcas deportivas, bebidas energéticas, gafas de sol, hoteles….
P.D. En el subsuelo de la ciudad condal vive un mendigo que no tiene piernas. Su cuerpo acaba en un par de muñones a la altura de la rótula de los que salen un par de tornillos. A esos tornillos atornilla un par de prótesis rudimentarias cuando quiere caminar. Cuando lo que quiere es pedir las deja a su lado. La verdad es que es bastante impactante, pero lo realmente salvaje es que cuando lo que quiere es dormir las utiliza como almohada. Así de paso se asegura de que no se las roban. No podría correr detrás del ladrón. Yo paso cada día por su lado. Paso y camino y sigo y me extraño de seguir caminando y pasando.