No es lo mismo
La vida aquí que en Angola
La maternidad aquí que en Ecuador
Irse de vacaciones con los hijos
Irse con los hijos por vacaciones
- Y no tiene ninguna importancia -dijo Wolf-, si se ha vivido. Pero de lo que me quejo es de que se empiece por envejecer. Mire, señor Brul, mi punto de vista es simple: mientras exista un lugar en el que haya aire, sol y hierba, tenemos la obligación de lamentar no estar allí, sobre todo si somos jóvenes. Boris Vian. La hierba roja.
Ultimamente me preguntaba si realmente eran salvajes. Buscando por ahí he encontrado este texto y como con el calor estoy muy perezosa pues voy y lo cuelgo.
Las fuertes corrientes marinas que se forman en el Cap de Creus hacen descender a las gambas hasta 2.000 metros de profundidad, donde las redes de los pescadores no las pueden alcanzar. Hay que tener en cuenta que las capturas se realizan a un máximo de 800 metros.
Estas enormes cascadas marinas tienen también su parte positiva. Las corrientes arrastran además nutrientes para las gambas: pequeños gusanos y moluscos. Este alimento garantiza la supervivencia de la especie y una enorme reproducción. Dos o tres años después vuelven a subir y entonces los caladeros se vuelven a llenar y la pesca es muy abundante,
Las cascadas que atraviesan los cañones --grandes valles submarinos-- del Cap de Creus, Palamós y Blanes, se forman cada seis o diez años dependiendo del clima. Normalmente, se dan en años fríos, ventosos y secos. El viento enfría la superficie del mar en el Cap de Creus, el agua se vuelve densa y, al descender, forma grandes corrientes submarinas que circulan a elevadas velocidades.

Para Marc, con amor matinal entre tostadas y cafés con leche.
Hace un rato he leído en el blog de Cris F sobre la necesidad imperiosa que algunos tienen (tenemos) de sentirse comprometidos con algo. Le comentaba que quizás la necesidad de compromiso era uno de nuestros rasgos esenciales en tanto que especie sintiente (lo de especie pensante es sólo una mera verbalización y estructuración de lo anterior). Ya escribí aquí sobre el miedo atávico y otras emociones fuertemente ancladas en nuestro esqueleto psicológico. Miedo, compromiso, acecho, vigilancia, caza, odio, amor...y ahora añado el de la necesidad de burla, escarnio y risotada fácil. Al ser humano le encanta la burla. La burla es la base del 99% de los mejores chistes y de los mejores gags de las sitcoms. Dependiendo del tipo y grado de educación y pedantería uno puede llegar a burlarse más o menos de algo o alguien, pero cuando encuentra un objetivo a su medida no hay pudor que lo pueda frenar; las riendas van sueltas, pero que muy sueltas y el sarcasmo galopa a todo trapo.
Yo (y unos cuantos millones más) encontré mi objetivo hace tiempo en los esperpénticos personajes del PP. Me cuesta verlos como seres de carne y hueso, me parecen muñecos esquizofrénicos escapados de los spitting image o del guiñol. Sonrisas desencajadas, ojos estrábicos, narices permanentemente hinchadas, cuellos estirados, hombros rígidos, barbillas en tensión, pelos siempre estáticos a lo Richard Widmarck, etc.
La prensa me proporciona, día sí día no, suculentas fotos del ex jefe en pleno histrionismo descontrolado y las apariciones en televisión de Barberá arrollando en los pasillos de Valencia no tienen desperdicio, pero todavía estoy esperando una imagen que valdría su peso en diamantes: la de Camps embutido en su chaqueta fantasía. ¿Por qué nadie ha hecho hincapié en ese jugoso detalle? Se le acusa de haber recibido varios trajes y una chaqueta fantasía. ¡Por favor! ¡Queremos verla! ¡Queremos regocijarnos! ¿Es blanca de marinerito?, ¿con lentejuelas?, ¿de un rojo osado?, ¿bordada?
El verano es largo y las noticias tediosas, a ver si alguien se anima y tira de la madeja...Yo, si me ofrecen esa imagen, prometo tirarme del sofá.


Existen dos tipos de desazón. A saber, la desazón por defecto y la desazón por exceso. La desazón por defecto es aquella sensación de vacío o carencia tan profunda que produce nauseas. La desazón por exceso es aquella sensación de empacho tan desmesurado que también produce nauseas.
Ergo:
La desazón está directamente relacionada con la capacidad o incapacidad de digerir –literalmente- las emociones.

Foto de Marc Ripol
Hace tiempo que quería colgar esto. Está un poco desfasado pero sigue provocando carcajadas. Apareció en un documentadísimo trabajo de investigación sobre el humor y la risa del Dr. Rocaviva.
Irritados tras haber sido descartados como miembros del "Eje del Mal", Libia, China y Siria anunciaron hoy la formación del "Eje Igual de Malvado" que, según han dicho, será "mucho más malvado" que el eje Irán-Irak-Corea del Norte acerca del cual advirtió el presidente Bush en el discurso del Estado de la Unión. Los miembros del "Eje del Mal", sin embargo, han descalificado inmediatamente al nuevo eje porque, para empezar, tiene un nombre realmente tonto.
- Sí, son igual de malvados... ¡en sus sueños!, -ha declarado el líder norcoreano Kim Jong-Il- Todo el mundo sabe que nosotros somos los mejores malvados... quiero decir los mejores en ser malos... Somos los mejores.
Diplomáticos sirios han negado que estuvieran celosos por haber sido excluidos, aunque han admitido que solicitaron su entrada en el "Eje del Mal".
- Nos dijeron que estaba completo -ha manifestado Bashar Al-Assad, presidente de Siria.
- Un eje no puede tener más de tres países -explicó el presidente iraquí, Saddam Hussein- Esto no es una regla mía, es la tradición. En la Segunda Guerra Mundial tuvieron a Alemania, Italia y Japón en el "Eje del Mal". Así que sólo puede haber tres.
Por otra parte, naciones que se han considerado aludidas se han apresurado a ganar su consideración de triunvirato en lo que se ha convertido en un 'juego de las sillas' geopolítico. Cuba, Sudán y Serbia anunciaron la formación del "Eje Un Tanto Malvado", forzando a Somalia a unirse con Uganda y Myanmar en el "Eje Ocasionalmente Malvado", mientras que Bulgaria, Indonesia y Rusia han establecido el "Eje No Tan Malvado, Como Mucho Generalmente Desagradable".
Con los criterios ampliándose bruscamente y todos los clubes atractivos llenándose, Sierra Leona, El Salvador y Ruanda han solicitado ser llamados "Eje De Países Que No Son Necesariamente Los Peores Pero Que No Serán Propuestos Como Anfitriones De Las Olimpiadas En Breve"; mientras que Escocia, Nueva Zelanda y España han establecido el "Eje De Países Que A Veces Piden Que Las Ovejas Se Pinten Los Labios.
- No es una amenaza, de veras, simplemente es algo que nos apetecía hacer -dijo el primer ministro escocés Jack McConnell.
Surinam, Guyana y Guayana Francesa han fromado el "Eje de Países Que Odian Que La Gente Siempre Suponga Que Están En África Porque No Lo Están"; mientras que Canadá, México y Australia han formado el "Eje De Naciones De Hecho Bastante Buenas Pero Que Secretamente Tienen Malos Pensamientos Sobre USA”.
- Tenemos una lista de espera tan larga como mi brazo -dijo el primer ministro canadiense Jean Chretien.
Mientras se pregunta si las otras naciones del mundo no estarán quizás riéndose de él, un cauteloso Bush ha garantizado la aprobación de la mayoría de los Ejes, si bien ha rechazado el establecimiento del "Eje De Países Cuyos Nombres Acaban En Guay", acusando a uno de sus miembros de rellenar la solicitud con datos falsos. Fuentes oficiales de Paraguay, Uruguay y Megaguay han negado estas acusaciones.
Entretanto, fuentes oficiales de Israel han insistido en que ellos no quieren unirse a ningún Eje, pero varios líderes mundiales han afirmado en privado que esta postura se debe únicamente a que nadie se lo ha pedido.

El otro día, hablando sobre los árboles navideños ecológicos que el ayuntamiento de Barcelona ha colocado estas fiestas por la ciudad y que le han costado un ojo de su cara y uno de la nuestra y que además son feos pero feos feos, Marc acuño un nuevo término “molt ben trobat”: consumo verde. Por consumo verde se entiende todo aquel consumo que bajo el pretexto de ahorrar e intentando huir de la políticamente incorrecta etiqueta de “consumista” gasta tremendas cantidades de dinero en productos que supuestamente a largo plazo harán ahorrar energía o contaminarán menos. Y hace referencia no sólo al impresionante gasto económico que conllevan sino además a la cantidad de energía que se ha utilizado para producirlos.
Pero el consumo verde también se da a pequeña escala y ahí es donde más capacidad de penetración tiene en la sociedad. Cada vez hay más personas que se escudan en lo verde, bio o eco para lanzarse como kamikazes sobre perfumes, turrones, blocs de notas o pintalabios.
La verdad es que yo, si puedo elegir también prefiero comprar productos que sean, como dicen los anglófonos: amistosos con la naturaleza, pero hay que empezar a discernir el “salvemos la naturaleza” del “hagamos negocio vendiendo la naturaleza mientras nos la cargamos por la espalda, a traición y con alevosía”.
Todo esto viene a cuento porque está mañana cuando iba a trabajar me he parado con la moto en un semáforo y me he quedado contemplando el escaparate. Era una juguetería de la parte alta de la ciudad y bastante pija. El escaparate estaba lleno de muñecos que representaban animales imposibles en colores grisáceos y con ropas desgastadas. Eran un simulacro de peluche de pobre. El tipo de peluche que quedaría bien en la mano de una niña huyendo de una guerra. Un peluche envejecido y desvaído. Vamos, lo contrario de una Barbie. Y he pensado en la cantidad de malas conciencias, incluida la mía, lavadas en parte de su culpabilidad consumista al elegir ese tipo de muñeco. Ese intento de creerse que ese muñeco será el muñeco de toda su vida, porque con ese aspecto ya es como si lo hubiera heredado de la abuela que emigró, sufrió y murió en el oeste americano.
Pero en cualquier caso, pese a que todos sabemos que se trata de consumir menos y mejor, la cuestión que me ha llevado a escribir este post ha sido el pensar que realmente estamos genéticamente marcados para el consumo. Es parte de nuestra naturaleza más profunda y no lo podemos evitar por muy hipócritamente que intentemos ocultarlo. Debe tener relación con nuestra época de cazadores-recolectores y nuestra atávica necesidad de hacernos con la propiedad de lo que nos rodea. Me pregunto sino podríamos derivarla hacia otro tipo de recolección que no pasara necesariamente por el gasto del planeta.
Y sigo pensando...