23 de octubre de 2007

¿De qué hablamos?


De trajes de comunión? (A los ocho años)
De trajes de marinerito? (Machitos)
De trajes de novia? (Blancos y puros sólo para ellas)
De vírgenes colgadas del cuello? (Montserrat, Rocío, Guadalupe....)
De vírgenes? (Ver trajes de novia)
De cruces? (Siempre con el sufrimiento por delante)
De procesiones de semana santa? (Impuestas, enormes, en espacios públicos)
De nazarenos? (Aterradores, fuente de numerosos traumas infantiles)
De látigos y cilicios? (Ver cruces)
De mantillas? (Cubren la cabeza recatadamente, cierto?)

Como decía Woody Allen en La última noche de Boris Grushenko: "-Caminaré por este valle de lágrimas. - ¡No! Mejor corro y así salgo antes."


Mejor educar con velo para la igualdad que sin velo en la desigualdad.

15 de octubre de 2007

Noir Desir - Le Vent Nous Portera

Si no fuera por la inmensidad del espacio que se da da entre un autor y su obra, la historia de la cultura sería insalvable.
Mañana sale con la condicional. Tremendo para los Trintignant. La música gana.

9 de octubre de 2007

La inmediatez del agua


He salido de la pecera
y doy vueltas a su alrededor
Si no consigo entrar en ella de nuevo
me voy a ahogar
Nadar, nadar, nadar

2 de octubre de 2007

Neurodios


Ya lo decía Harrison: “All is in your mind”. Los indios lo defienden desde hace miles de años pero no era suficiente con la maravillosa incertidumbre de la intuición o del formidable “quizás”; ahora necesitamos la certeza de la ciencia, ese extraño constructo con pretensiones de verdad absoluta.

Nuestro pobre cerebro, que bastante pena tiene con tener que cargar con un cuerpo que ni por asomo parece haber evolucionado tan rápido como él, está siendo observado desde hace años por otro cerebro igual de perdido que él en busca del origen de todos nuestros males, en busca de todos nuestros fallos, en busca de una última razón que nos permita abdicar definitivamente de cualquier tipo de responsabilidad sobre nuestro cotidiano hacer.

¿Libre albedrío o determinismo? ¿Solos o con Dios? ¿Responsables o adoptados? ¿Creadores o copiadores?

Ahora hasta la tendencia política se puede situar en el cerebro. A ver, ¿a quien se le ocurre en cual hay más actividad, cual es más rígido, cual hace más conexiones por minuto?

Menos mal que el estudio concluye afirmando la maleabilidad de nuestro más preciado órgano. Me niego a ser un robot. Antes salto del barco, o del tren, o de lo que sea. O no salto porque eso es lo que se espera de mi mapa cerebral, o sí salto, o no...

¡Bendito gen de la incertidumbre!

18 de septiembre de 2007

La muñeca diabólica


O la niña o la madre o las dos. La niña por esa mirada y porque su mami cuenta en su diario que le absorbía todas sus fuerzas. La madre por llevar una chapa con la foto de la niña colgada del cinturón y vestir a conjunto con el peluche rosa de la niña. Las dos por estar relacionadas con el padre de la criatura que es quien ha decidido contratar al mismo abogado que Pinochet (sólo eso ya debería ser delito).


Si no son ellos es una lástima que se les esté acusando desde tantos medios y colas del pan, pero después de montar semejante campaña mediática tienen que asumir las consecuencias. (Y pese a ello ¿quien no usaría todos los medios a su alcance para recuperar a su hija?)

Si no son ellos todos nos sentiremos algo incómodos por no haber podido evitar sospechar de ellos y habernos montado películas increíbles a su costa, incluso de habernos carcajeado con algunos de los detalles.


Si son ellos nos recrearemos con los detalles y pasaremos unos cuantos días (probablemente no más de tres o cuatro, pues en breve nos proporcionarán otra distracción) oyendo aquello de “Yo la lo dije” o “Se venía venir”. Y es que el juego que ha dado esta noticia nos ha unido a nivel planetario más que cualquier política global o atentado desolador. Probablemente el hecho de que la mayoría prefiera que sea la madre la culpable de la muerte y desaparición de la niña se deba a esa extraña necesidad de experimentar cada vez emociones más fuertes.

Pero me parece una pena y lamentable que estemos todos en vilo por una sola niñita perdida cuando hay millones de niños, niñas, padres y adultos sufriendo continuamente muertes injustas y enfermedades curables.


Pese a todo, como hecho real es realmente triste sea cual sea la explicación. Es atroz. Tan atroz que probablemente el inconsciente colectivo ha transformado toda la historia en un thriller para poder enfrentarse a ella con el grado de desapego suficiente para la supervivencia. Y hay que reconocer que como película del verano y del otoño ofrece todos los detalles de un bien estructurado thriller. Sólo queda por ver si esta vez la realidad también supera la ficción. ¿Será la madre? ¿Será el padre? ¿Será un amigo? ¿Un vecino? ¿El cura? O como apuntó alguien el otro día en la cresta de las apuestas: ¿Será Beckam?

6 de septiembre de 2007

A lo que íbamos


Estaba yo ayer buscando música para acompañar un post (este) que tenía rondando por la cabeza cuando saltando de una cosa a otra decidí colgar ese par de videos de ahí abajo y dejar el texto para otro momento.
El post (este) trataba de pasteles cortados y sin cortar, y de trozos a repartir y de tamaños de los trozos. Y trataba del valor de unas vidas y otras y de la depreciación de algunas de ellas.

Dice Bob (el de siempre) que uno puede tener su trozo de pastel y además comérselo. Muchos economistas han escrito sobre la repartición de la riqueza aludiendo a la figura del pastel o a la del queso. Yo empiezo por dudar que la imagen del pastel pueda extrapolarse más allá del salvaje oeste, cuando uno llegaba y se quedaba el trozo de tierra donde hincaba su estandarte.
¿A qué se refieren cuando consideran que hay algo que repartir? ¿Al planeta, a la riqueza material amasada por unos cuantos viciosos de la ambición monetaria, al conjunto de ideas elaboradas por pensadores a lo largo de varios milenios, al número de rubias o morenos por metro cuadrado?
Y es curioso, además, que los que ven el mundo como un pastel sean tan reacios a hacer trozos iguales. Con lo fácil que es coger un cuchillo y trazar una línea recta por la mitad y otra perpendicular y así hasta que hay para todos ( o se rompe por inestable).

En fin, que si esto es un pastel, yo ya me comí mi trozo con sólo haber nacido aquí y además se me está indigestando.

¿Cuantos bonzos más necesitaremos para empezar a darnos cuenta de que hay que seguir dividiendo la tarta?


1 de septiembre de 2007

De futbolistas caídos


De nuevo la muerte en combate de un héroe nacional cubre las portadas de los diarios patrios y no patrios. De nuevo el esperpento del dolor ajeno hecho propio se refleja en colores vivos y lágrimas desbordadas en las páginas principales. Parece que si no te estremeces de pena con ellos eres un hijo de puta, y sin embargo…a mi me da pena por la familia y los amigos, que de tan retratados, que de tan expuestos, es como si les hubiesen quitado parte del dolor. El dolor hecho frivolidad, hecho bandera, hecho negocio, se queda en nada. El dolor se comparte, pero no se prodiga.

Por otra parte tenemos el tema de la grandeza otorgada al deporte. ¿Por qué ocupa más la muerte de Puerta que la de Umbral?

Ahí van dos reflexiones sobre el tema:

“-Señor Brul –dijo Wolf subrayando las palabras-, escuche lo que voy a contestarle. Escúcheme con atención. Sus estudios no son más que una broma. Es lo más fácil del mundo. Desde hace generaciones y generaciones, se intenta hacer creer a la gente que un ingeniero o un sabio son hombres de élite. Pues bien, yo me río; y nadie se lleva a engaño –excepto los que pretenden formar parte de esa élite-: señor Brul, es más difícil aprender a boxear que aprender matemáticas. Si no, habría en las escuelas muchas más clases de boxeo que de aritmética. Es más difícil llegar a ser un buen nadador que escribir correctamente (…) Ahora ya sabe qué opino de sus estudios. De su chochez. De su propaganda. De sus libros. De sus aulas que apestan y de los tontos de la clase que se pasan el día masturbándose. De sus lavabos llenos de mierda y de los alborotadores solapados, de los alumnos de la Escuela Normal, verdosos y gafudos, de los del Politécnico, llenos de presunción, de los de la Central, almibarados de burguesía, de los médicos ladrones y de los jueces deshonestos…qué porquería…yo me quedo con un buen combate de boxeo…también está amañado, pero por lo menos es divertido.

-Es divertido sólo por contraste .dijo el señor Brul-. Si hubiera tantos boxeadores como estudiantes, al que llevarían en triunfo sería al vencedor de las oposiciones.

-Puede ser –dijo Wolf-, pero se ha preferido propagar la cultura intelectual. Tanto mejor para la cultura física…”

(Boris Vian, La hierba roja)



“Y en lo que se refiere a la relación sujeto-objeto, no hay dos cosas más diametralmente contrapuestas que la ciencia y el deporte. Cuanto más prevalece el interés del sujeto por sí mismo, por su propio logro, por su propio mérito, sobre el interés sobre el objeto, tanto más nos acercamos a la que es evidentemente la actitud más propia del deporte, que es el culto a la pura hazaña inmanente, sin objeto, o carente de otro objeto que no sea el reflejo de la hazaña sobre el sujeto mismo, como un trofeo –medalla en su pechera o copa en su anaquel-, como un autocumplimiento, en el que el grito “I dit it!” manifiesta y agota el contenido entero del motivo, sin que el “it”, el qué concreto en que pueda consistir el término del logro (la síntesis de la urea, la última marca de los cien metros lisos, el descubrimiento de las ondas hertzianas o la coronación del Everest) tenga otro valor ni relevancia que los de haber servido de instrumento para ese “I dit it!” o kikirikí autoafirmativo.”

(Rafael Sánchez Ferlosio, Mientras no cambien los dioses, nada ha cambiado)

31 de agosto de 2007

Curvando nuca






He aprendido a morderme los labios

He aprendido a besarme los brazos

He aprendido a curvar la nuca

He aprendido a acariciarme la mejilla

He aprendido a juntar las piernas

He aprendido a inhalar este aire seco

y a llenar con él mis pulmones

limpios de humo

He aprendido a sacar el aire muy despacio por la nariz

He aprendido que hay tiempos largos y tiempos inacabables

He aprendido los días de la semana

Y las horas del día

Y los minutos de las horas

He aprendido los 300 kms de curvas de una carretera

Y tus curvas y tus surcos y tus baches




(Pintura de Friedrich Hundertwasser, Der weg von dir zu mir zurück)

7 de agosto de 2007

De vacaciones


En vacaciones los campos se visten de colores. Grises y verdes y lilas y azules. Rebaños de ovejas interrumpen la siesta en la hamaca entre dos chopos. Idiotas ovejas movidas por ningún instinto, pues no parecen ni distinguir un rastrojo de otro, no parecen oler el agua, cobardes ovejas ante un perrucho flaco y poco ladrador.

Agua fría, agua helada, cayendo por una cascada entre serpientes sibilinas apostadas en las rocas. Y sapos, muchos sapos, y muchas cigarras y muchas golondrinas. Y un pastor. Y soledad, enorme soledad. Vacaciones de resacas a la sombra y niños enmudecidos buscando renacuajos. Vacaciones de prisas. Tiempo enlentecido. Tiempo doloroso. Entre restos de trigo seco y amarronado, entre olivos grises, entre encinas verdes. El dolor existe y está ahí, entre las sombras de las sabinas. Lleva mucho tiempo agazapado, esperando a que se haga de noche para salir y sorprendernos una vez más. Piedras rojas cuarteadas por el sol. La boca se abre intentando proferir un grito y sale un hilo de voz, sin fuerza, sin voz. Asesinada por el cielo. Dueles todo.

18 de julio de 2007

De locos y cuerdos


Un día de estos se cumplió un año de la muerte de Syd Barrett y como este blog empieza a parecer el santoral de los apóstatas me he decidido a utilizarlo como excusa para un post.

Que el rock’n’roll es una fuente de gregarismo no se le escapa a nadie de más de 20 años, que pese a ello todos llegamos a sentirnos en la adolescencia completamente independientes y al margen del resto de la sociedad afiliándonos musicalmente a uno u otro bando, tampoco. La lista de partidos revolucionarios del rock’n’roll debe rayar ya en lo infinito, y la verdad es que a mí se me escapa. Me quedé con los rockers y los mods, y los hippies y los punks, y los heavies y los technos, y hasta llegué a convivir con los new wave y los new romantics, y los siniestros, y yo que sé cuantos más.

Curiosa es también la cantidad de títulos que sus líderes ostentaron. Tuvimos reinas, reyes, princesas, príncipes, duques (¿duquesas?), jefes (¿jefas?), dioses, diosas, Jesucristos, (¿Magdalenas?). Lo interesante, sin embargo, es que pese a que jerarquía no falta por ninguna parte como en cualquier institución que se precie, es una jerarquía aleatoria (contradictorio pero cierto) pues curiosamente no se pisan unos a otros, y hay quien defiende que el duque es mejor que el rey o discute si Jesucristo era más marchoso que el jefe. Es más, hasta hay más de un rey, más de un duque, como mínimo un par de Jesucristos, y decenas de dioses.

En el Orden Asesino comentaba nuestra incapacidad por vivir sin ordenar cuanto nos rodea, pues el conocimiento (ese extraño ingrediente que supuestamente nos diferencia del resto del reino animal) se basa en la diferenciación y limitación de cuanto nos rodea. Y ni el anarquista ni el relativista más pintado pueden escapar al instinto clasificatorio.

Y ¿a qué venía todo esto? A que esta mañana escuchaba en el coche Shine on you Crazy Diamond y me acordaba de que el verano pasado había muerto Syd Barrett, y pensaba en la locura y la cordura, y en cómo se rozan. Y pensaba que si le había dedicado un artículo a Dylan por su cumpleaños, qué menos que recordar a Syd Barrett que ya no iba a cumplir más.

Nunca supimos si su locura era genial por si sola o porque sus colegas de Pink Floyd la explotaron a base de bien en tantas canciones maravillosas. Lo que él hizo es bueno, pero lo que hicieron ellos fue mejor, probablemente porque él nunca se fue del todo, y era su lúcida locura la que planeaba dulce y furiosamente en el trasfondo de todos los temas.

La diferencia entre el tonto y el loco es la lucidez. El tonto tiene mermada la capacidad cognoscitiva, el loco la tiene aumentada pero distorsionada. La lucidez de la locura es riquísima y la base de muchísimos de los mejores logros culturales de nuestra especie. Y a mí la música de Pink Floyd me parece realmente uno de los mejores logros de nuestra cultura. Por ello propongo que desde esta extraña institución semi anarquista, relativista y aleatoriamente jerárquica que es el rock’n’roll, declaremos a Syd Barrett San Loco Lúcido, patrón de todos los que por dolor, amor, o cualquier otro motivo, perdieron la cordura y contemplaron fuegos artificiales en sus propias neuronas.

Happy Death Syd.

1 de julio de 2007

Desde la transparencia



Desde la transparencia es difícil escribir. Desde la transparencia es difícil pensar. Desde la transparencia sólo se siente. Los conceptos son demasiado opacos y chocan contra ella. El silencio se impone y el sueño es fácil. Los círculos parecen cerrarse sin necesidad de cuadrarlos. El orden, antes buscado y a la vez denostado, se da de forma fácil y natural, sin imposiciones, con cariño y dulzura. Desde la transparencia uno se da cuenta de que esta sólo puede ser temporal, porque la transparencia no señala hacia dentro sino hacia fuera. La transparencia no conoce de egos, los deshace. Y sin ego sólo queda el otro, y el otro, y el otro, y así hasta llegar muy lejos. Así que uno intenta conservar un poco de esa transparencia muy dentro del alma y desde esa pequeña y a la vez enorme ración de privilegio girarse alrededor y volver hacia el mundo y sus conceptos y sus opacidades y sus costras y pensar cómo demonios vamos a conseguir borrarlas, aunque sólo sea un poco, rayita a rayita.


17 de junio de 2007

Mr. Robert Zimmerman


El otro día leí en el diario que Bob Dylan cumplía 66 años. Al igual que la semana anterior con el 40 aniversario del Sgt. Peppers de los Beatles, le cedí el cuadradito de la foto del Messenger y quité mi foto para poner una suya muy bonita en blanco y negro de cuando era joven, en la que aparece paseando del brazo de una encantadora muchacha.

Era una especie de homenaje tonto, pero me apetecía hacerlo y le añadí además una bonita frase sacada de la canción que le dedicó David Bowie, en la que define su voz como “A voice like sand and glue”.

Bueno, en fin, que me apetecía mostrar ahí a Dylan, tan entrañable y tan sublime.

Pero claro, como no tenía fotos suyas en el ordenador fui al buscador, puse su nombre y cliqué en imágenes. Había varias, muchas de ellas harto conocidas y contempladas hasta la saciedad en camisetas, pins, posters y banderas. Con rizos cortos, con rizos largos, con gafas negras, sin gafas negras, con sombrero, sin sombrero, con la guitarra colgada a la espalda, sin guitarra…
Pero había una que, pese a haber dado la vuelta al mundo
en su día, nunca, que yo sepa, ha servido como imagen en ningún tipo de gadget de culto. Es la famosa foto en la que el Papa Juan Pablo II le coge la mano a Mr. Robert Zimmerman.


A muchos de sus fans nos dolió aquella imagen igual que nos había dolido que Cat Stevens se convirtiera de repente en Yusuf Islam....Y es que nos habían vendido que el rock'n'roll defendía la no sumisión a mandamases externos, que no podía ir de la mano de la política o de la religión, que debía estar desligado de cualquier institución que detentara algún tipo de poder. ¡Que ingenuos éramos! Creíamos en la libertad de expresión y nos molestaba cuando otros se expresaban de forma contraria a la nuestra. ¡Que arrogantes éramos!

Ingenuos y arrogantes, sin duda, pero no estúpidos. Porque una cosa es convertirse al Islam y otra apoyar la fatwa de Jomeini contra Rushdie. Una cosa es convertirse al cristianismo ( no está muy claro si realmente lo hizo, en cualquier caso parece que luego volvió al judaísmo más ortodoxo) y otra estrechar la mano del cabeza de una de las instituciones menos cristianas que existen.

He leído que Benedicto XVI, entonces Cardenal Ratzinger, odia a Bob Dylan y al Rock'n'Roll en general. Desde luego, parece más leído que su antecesor. Lo siento por los aperturistas, lo tienen chungo; pero a mí, la verdad, me encanta. Es la caricatura perfecta de todo lo que más me molesta de la Iglesia. El Papa Wojtyla me intranquilizaba; con su ecumenismo ladino era capaz de ampliar aún más el número de adeptos a su enorme secta. Este, en cambio, asusta, y dudo que atraiga a muchos indecisos.


Happy Birthday Bob!

10 de junio de 2007

El Orden Asesino 3


“Lo dado, lo real, no es más que un reparto aleatorio. Continúo o discreto, no lo sé. El reparto está ahí y eso es todo. Y nadie lo ha dado ni nadie lo ha distribuido. Está ahí, como la nube, pasa y no deja de venir.”

Michel Serres. Hèrmes IV. La distribution.


La pregunta sobre el porqué de la postulación de un caos originario para luego proceder a su negación conduce directamente a la pregunta por ese caos, a la pregunta por su esencia.

Se suele entender por “caos” lo que no obedece a orden alguno, lo no pautado, lo ilimitado, lo confuso, lo indiferenciado…una extraña forma de ser que todavía no llega propiamente a poder ser considerado como ente. Pero ¿quién lo ha visto? ¿quién lo ha percibido? ¿quién lo ha experimentado?

Sólo se me ocurren dos respuestas y las dos conducen al mismo punto: los místicos y los visionarios; y de ellos sólo puedo hablar a partir de mis propias experiencias con ácido lisérgico, mescalina o psilocibes, substancias que a veces, muy sabiamente, han sido calificadas como “enteógenas” por su capacidad de meter al dios dentro de quien las toma, y otras veces como “visionarias” por la capacidad que producen en el que las ingiere de “ver” más allá de la realidad cotidiana. La potente alteración de la conciencia que producen lleva a traspasar lo que Aldous Huxley llamó, en su maravilloso ensayo, las “puertas de la percepción”. La realidad concreta y estática se transforma en una especie de fluido indiviso en el que todo aparece conectado y para el que el lenguaje cotidiano carece de vocablos capaces de aprehenderlo.

Si volvemos al origen de los mitos sobre la creación del mundo desde esta perspectiva, podemos fácilmente recurrir al hecho, de sobras constatado, de que todos los pueblos primitivos utilizaron o utilizan un tipo u otro de esas substancias visionarias y que por tanto sabían de qué hablaban cuando postulaban un “caos” anterior a la conciencia. El problema se origina, cuando se extrapola esa experiencia y se empieza a cosificar una teoría sobre ella que ya no tiene una base en la experiencia inmediata, sino en la más burda de las mediaciones, aquella que estafa el saber y lo cambia por lo sabido.

La noción de algo desordenado, confuso e ilimitado le va muy bien a aquel que quiere imponer su propio orden, a aquel que decide el qué, el cómo, el cuándo y el dónde. Postula confusión y venderás salvación, postula inseguridad y venderás disciplina. Una auténtica panacea.

Pero tan importante como negar el orden impuesto por otro (aquel que estafa la soberanía individual), tarea que hace años emprendieron excelentes pensadores que nos descubrieron lo malvado de la noción, es ahora negar la noción que los vendedores de pócimas salvadoras nos han intentado inculcar de caos. No se trata ya de decir que el orden sólo existe en la cabeza del que manda, sino de que el caos también existe sólo ahí. ¿Que hay confusión e incomprensión? Por supuesto. Pero equiparar eso a caos, no es más que una excusa para evitar el pensamiento crítico, ese que no hace concesiones fáciles ni se deja amedrentar por la complejidad en la que nacemos y morimos. Lo que ellos llaman “caos” no es más que la falta de su “orden”.

La incomprensión, y la confusión a que esta lleva, son congénitas al ser humano. Transformarla como por arte de magia barata en caos para poder acallarla a continuación, no es más que un intento de negar la esencia humana. Y llevar esa búsqueda ciega de orden al límite no puede conducir sino a la liquidación del hombre como tal. Es a ese orden al que podemos calificar de asesino.

Y sin embargo, esa realidad anterior a la conceptualización de la conciencia lingüística que se despliega ante nosotros, nos obliga constantemente a escoger, a emparejar y a crear nexos de unión y desunión. Lo interesante y deseable sería que cada cual fuera consciente de las líneas de demarcación de su orden particular, de cuales le son propias y cuales compartidas por los otros miembros de su cultura. Eso nos hace más autónomos y más abiertos a la comprensión de las líneas de otros pueblos.

(continuará)

5 de junio de 2007

Perdonar al inepto


Perdonar al inepto

Quim Monzó fue sometido hace unos años a una de esas terribles entrevistas metralleta en las que el entrevistador va disparando preguntas a ritmo frenético y el entrevistado apenas tiene tiempo de balbucear una respuesta coherente. ¿Un libro? ¿Una película? ¿Un viaje? ¿Un personaje con quien cenar? ¿Otro para una copa? ¿Un amor imposible? Supongo que dudaría en varias de ellas por lo maniqueas y exclusivistas, pero no pareció dudar cuando le pidieron que citara una virtud. La respuesta salió certera y afilada: “Perdonar al inepto”, y a mí me dejó extasiada. Yo era bastante más joven que ahora, con el ego todavía empujando con fuerza y la noción de humildad necesaria recién apareciendo por una esquinita de mi conciencia.

Desde entonces he aplicado o intentado aplicar el precepto unos ocho millones de veces, unas veces con más éxito que otras. A veces lo consigo sin alterar el ritmo cardíaco, otras veces acelerando mínimamente la respiración. Pero otras veces, las menos pero las más dolorosas, más o menos media hora después del acto en si, empiezo a notar un sudor frío en las manos y un agarrotamiento a nivel de corazón. Supongo que esa es la señal de que me he excedido, de que quizás en esa ocasión, no se trataba de un inepto sino de un auténtico zorrupio. Ahí van unos cuantos ejemplos:

El que miente sin saber mentir

El que pide sin saber dar

El que ofrece sin otorgar

El que promete sin cumplir

El que habla sin escuchar

29 de mayo de 2007


Mi alcalde es un tipo muy mono. Podría ser un Kennedy catalán, o una Meg Ryan del Vallés si fuera mujer. Es un buen chico, y lo suficientemente pijo como para salir en el dominical de El País. Cuenta que intercambia sms con Joan Laporta cuando juega el Barça (parece que ese también vive aquí), y que la policía consigue parar la prostitución apostando los coches al lado de las chicas. Disuasión: el cliente, se siente acosado y se va. Actuación pasiva, no actuar. La libertad es un principio inalienable.

Sant Cugat es un buen pueblo, está cerca de Barcelona. Tan cerca de Barcelona que sólo nos separan 12 km. Y con dos carreteras, una autopista supersónica y el ferrocarril (no la Renfe, eh?) es como si fuéramos otro barrio más de la gran urbe, pero en verde. Una especie de Pedralbes de clase media.

Tenemos más parques y árboles que nadie, estupendos colegios religiosos y varias familias muy numerosas.
Tenemos mucha industria, pero limpia, de esa que no tiene chimeneas y en la que los obreros llegan en BMW a la puerta con su mono de Armani.
Tenemos muchos guiris, pero cucos, de esos que tienen muchos hijos y muchas habitaciones donde meterlos.
Y al alcalde, le encantan los guiris. Sobre todo esos con muchos niños y muchas habitaciones.

En mi casa, estamos censados bastantes más de los que vivimos. Es como una ONG del censo. ¿Que no sabes dónde censarte? Pues te vienes aquí. Y tenemos uno de esos extranjeros que tanto le gustan al alcalde. Y es gracias a él que hemos constatado, día a día, cuanto le gustan.
Nunca antes nadie recibió invitación alguna para presentaciones de libros, comités de bienvenida, inauguraciones o presentaciones en sociedad. ¿Será porque es francés? ¿Será por el “De” antes del apellido? ¿Y qué querrá de él que no quiera de los demás?

Voy a llamar a mi amigo Mohammed El Amrani y pedirle que se cense en casa. Ya no vendrá de uno más. Tiene un “El” delante del apellido y además este suena a Armani.

Y a esperar las invitaciones.

28 de mayo de 2007

El tamaño sí es importante



Viernes por la mañana. Me levanto de la cama. Me ducho. Me visto. Pongo el café. No hay niños en la casa. Silencio. No hay desayunos que preparar. Mi gata, Wendy, maúlla reclamando atención. Sabe que es viernes y no hay niños. Sabe que hoy es la reina de la casa. La acaricio. Le hablo. Le cambio el agua y le pongo la comida. Y entonces recuerdo que hay otros seres vivos en la casa a los que debo alimentar. Marta tiene una especie de invernadero – criadero de mariquitas. Pequeñas larvas en forma de cocodrilo que recorren su pequeño paraíso buscando alimento antes de convertirse en capullos. Salgo al jardín. Observo minuciosamente la hiedra buscando alguna rama que tenga pulgón, cuanto más mejor. Corto un par de ramas. Las sacudo para que caigan las hormigas que caminan por entre las hojas. Me dirijo al pequeño terrario de Marta. Lo abro y deposito las ramitas de hiedra cargadas de pulgón. Lo cierro. Cojo las llaves del coche y salgo de casa.


Y entonces me imagino cogiendo un cerdito y metiéndolo en un terrario más grande para alimentar a una boa, o dándole ratoncitos a Wendy, o incluso gusanos a un pájaro. Y me vienen nauseas. Y pienso en el pobre pulgón, tan insignificante, tan falto de entidad, tan objetizable. Y pienso en las mariquitas en las que finalmente se convertirán esas pequeñas larvas voraces. Y en lo bonitas que serán. Y me vuelven las nauseas. Y dejo de pensar.

21 de mayo de 2007

El Orden Asesino 2




Por lo que sabemos, desde que el ser humano es un ser “literario”, un ser que inventa ficciones sobre lo que siente y deja constancia de ello tanto de forma escrita como oral, ha intentado forjarse un mapa de su pasado.
Todas las tradiciones culturales reflejan la necesidad, la voluntad o el intento por parte del hombre de buscarse un origen, de remontarse en el pasado hasta tiempos tan pretéritos que sólo pueden ser habitados por la imaginación de aquel que en ellos se quiere sumergir.


Los diversos intentos de explicación del origen del mundo recogidos por las distintas tradiciones culturales coinciden en la presentación de un inicio cosmogónico protagonizado por la falta de estructuración y orden.
En todos los relatos mitológicos que se conocen sobre el origen del mundo, la cosmogonía (nacimiento del mundo) y la teogonía (nacimiento de los dioses) van de la mano. Unas veces –las más- son los dioses los que crean el mundo, otras veces –las menos- los dioses nacen de la eclosión de algún principio físico primordial. Pero en cualquiera de las dos opciones, se da un enfrentamiento entre fuerzas caóticas percibidas como negativas y fuerzas ordenadoras percibidas como positivas.
El caos primordial que hay que ordenar suele ser un principio indiferenciado, ilimitado, confuso y vertiginoso, normalmente identificado con el agua o la oscuridad. La misión del dios consiste, tanto si ese caos lo ha creado él como si él mismo es fruto de dicho caos, en domesticarlo y darle forma, en limitarlo y hacer que lo confuso y oscuro se torne claro y brillante.
En muy pocos casos el encargado de dar forma al caos es un ser relajado y bondadoso. Los jíbaros ecuatorianos cuentan con Yus, un dios bonachón que apenado por la desnudez de la tierra decide vestirla con selvas y árboles frutales. Incluso el dios del Génesis, pese a lo cruel que luego llegará a ser, crea de forma pausada y pacífica, paseando su aliento por encima de las aguas. Pero lo normal es encontrar energúmenos encolerizados que entablan batallas atroces, descuartizan a sus enemigos –que suelen ser sus padres, hermanos o abuelos- para, a continuación, desperdigarlos por la tierra y crear con sus despojos ríos, montañas y mares. Incluso hay algunos que, literalmente, vomitan su creación (el dios de los boshongo, en el actual Zaire).


Cuando uno se enfrenta a la infinidad de relatos cosmogónicos que conocemos, no puede dejar de maravillarse en dos sentidos: el primero se refiere a lo cerca que están dichos relatos de las teorías actuales sobre el origen del universo (también cabe hacer la lectura en la otra dirección, y ver cuan mitológicas pueden llegar a ser las actuales teorías); y el segundo tiene que ver con cuan antigua es la necesidad humana de imponer orden en todo aquello que le rodea.
Por lo que respecta al primer punto, me parece interesante como cura de humildad para muchos científicos contemporáneos, que ya nuestros más antiguos ancestros situaran el nacimiento de la vida en el medio acuático, y que incluso algunos (como el mito de Pan Ku, en China) postularan nebulosas de materia concentrada que de repente estallan dando lugar al mundo.
Pero el que realmente me interesa, y por el que me he “tragado” todos los relatos mitológicos que han caído en mis manos, es el segundo sentido: el que apunta a la aparentemente innata necesidad del ser humano de otorgarse a sí mismo un origen basado en el caos, para renegar de él acto seguido.

(to be continued…)

15 de mayo de 2007

El Orden Asesino 1


Pantes anthropoi tou eidenai oregontai fisei

Todos los hombres desean por naturaleza saber

Es sorprendente que se hayan escrito tantos comentarios al arranque de la Metafísica de Aristóteles y que estos siempre hayan hecho recaer el peso de la investigación en el sujeto y el complemento de la oración, despreciando el verbo de forma escandalosa. Parece como si tuviéramos que leer un binomio anthropoi-fisei, y que fisei fuera casi como un verbo copulativo que no añadiera significado alguno a la frase. Y sin embargo, a mí siempre me pareció el elemento más interesante, supongo que por que abría todavía más la pregunta que siempre me había hecho y que tiene que ver con la actividad teorética humana como tendencia a, como algo loable pero siempre irrealizable, inalcanzable.

Creo que muchos de los enquistamientos de nuestra cultura se han debido a ese empeño por hacer desaparecer el verbo “oregontai” de nuestro campo de vista. A esa orgullosa creencia en que el objeto de conocimiento, no sólo era alcanzable, sino además domesticable y maleable.

El título de este ensayo hace referencia a esa manía por alcanzar, domesticar y malear, a la manía por ordenar todo aquello que no comprendemos, y a hacerlo bajo unos parámetros que nos permitan sentirnos cómodos con nosotros mismos y en nuestro ámbito de acción.

Sostengo que esa manía ordenadora no es sólo nefasta sino peligrosa incluso para el que la practica, aunque defiendo también que dicha manía no es más que otra de las “tendencias” necesarias del ser humano, y que por tanto se trata de averiguar cómo llevarla a cabo de la mejor manera posible.

Cada vez que intentamos saltar en el vacío desde el sentir a lo sentido, desde el detalle al conjunto, desde el vislumbre hacia la comprensión, estamos trazando unas líneas que, aunque útiles son contingentes y caprichosas.

Se trata de huir de la línea recta, del camino que lleva de la A a la Z, del fin, del patrón, del orden.